Monólogo de un diálogo.

Si.
Llueve.
Como aquella vez que ella me dejó.Que por que me dejó?. Vaya uno a saber.

Ya me diste vos la versión de Ña China. Claro. Que ella me dejó porque yo no "funciono". Vos y yo sabemos que "funciono".
Cuantas noches de pasión. Lo que tenía yo con ella tal vez mató la rutina.

Si.
Tantos años juntos. Cuantos?. Y a ver. Ya eramos concubinos en el 53. Regularizamos en el 55.
Así que hacé la cuenta. Son muchos años. Que si que le ví a ella?. Bueno. Era la más linda del pueblo.
Encima maestra "normal". Debo confesar algo. Yo ya le eché ojo en su época de "normalista". Si. Ya se.

En esa época ella estudiaba en Villarica. Que como yo hacía para verla?. Bueno. Los fines de semana venía.
Llegaba en el tren del sabado de mañana. Y volvía los tristes domingos a a la tarde. Siempre en tren.
Que si yo iba a la estación?. Ahora que lo pienso sí. Llegaba antes que los vendedores de aloja y chipa.

Y que la chismosa del correo. Ahora, mirando atras, debo admitir que iba por ella.No, no!!.
Por la chismosa del correo, no. Iba por Margarita. Si. Ella misma. La primera maestra normal del pueblo.
La que me deslumbró, con su media sonrisa y sus ojos entornados. Hasta le dediqué una música en la "calesita" de la función patronal.
Me preguntas cual música le dediqué?. A ver. Si.
Fue esa que dice "Cuando suena la campana/de la escuela normal/me asomo a la ventana/mi normalista a esperar". Si se dió cuenta?.

Como no se iba a dar cuenta. Si el locutor dijo por el "parlante" que era de parte de un "bachiller del Colegio Nacional de la Capital".
A la sazón, el único que respondía a esas señas,en cinco leguas a la redonda, era yo.
Con el agregado de que la ruidosa de mi tía Justa ya estaba haciendo conjeturas con las tías solteronas de ella.


Al día siguiente, domingo, después de misa primera, la acompañe hasta su casa.
Me invitó a tomar tereré. Si yo tomaba tereré en ese entonces?. No, claro que no.

Le acepté una fresca "greifonada" como llamaba Mamerto, el criado de los Baéz al jugo de pomelo.
(Claro, en su elemental razonamiento, si del limón se hacía limonada, del greifu se obtenía "greifonada").
Ella me mostró su dentadura blanca y perfecta, en una sonrisa. (Agradecí, mentalmente, en ese momento a Mamerto, su ocurrencia).
Aquellos domingos se repitieron una y otra vez. Despues ya fueron sábados y domingos.
El noviazgo se apuró en llegar, convirtiendose en religiosos martes, jueves y sábados.
Los martes y jueves en la pensión de los Buzarquis en Villarica. Claro. Iba a caballo. Religiosamente.

Que cuantos años de noviazgo tuvimos?. Ni llegamos a los nueve meses.
Ella se recibió. Y consiguió un "rubro" como maestra de la escuelita de Capellán.
Y con mi trabajo de procurador'i en el tribunal de Villarrica, hicimos juntos una pareja respetable, por lo menos económicamente.

En otros aspectos, fuimos el "mal ejemplo" del pueblo. Que por que?. Porque simplemente "nos juntamos".
Sin casarnos. Sus padres dejaron de frecuentarnos.

Ña Victoriana, la mayordoma de la Iglesia, nos ponía como ejemplo a no seguir a las catequistas.
Tanta fue la presión que en el 55, como te dije, "regularizamo".Bueno. Convergieron varios factores.

La presión del pueblo. Mis aspiraciones políticas. Era ya abogado en aquel entonces y con aspiraciones a ser juez del pueblo.
Además de la oportuna(tal vez no) presencia de esos misioneros franciscanos que "cazaban" a la gente para "casarlos".

Y nos casamos.

Un caluroso diciembre. Como una maldición, desde aquella época, empezaron las dificultades.
Y mis permanencias en Villarica se prolongaron. Fue la época en que te conocí.
Supongo que recuerdas que lo nuestro fue puro pasión desde el comienzo. Y entonces ya no había "fuerzas" para ella.

Además lo nuestro es tan puro y especial. De ahi fue que inventé que no "funcionaba" más.
Y eso llegó a oídos de todo este maldito y pequeño pueblo. Tal vez fue ella, la que esparció el rumor antes de irse.
Se habrá enterado de lo nuestro?.

Creo que no.
Ahora que llueve recuerdo vividamente todo.
El día que se fue, ella dejó en mi cierto dolor, como la que me produce esta lluvia lacerante.

Necesito de tu abrazo. Abrazame, Eduardo.

Primavera del 66