martes, 24 de diciembre de 2002

24/12/2002


La ví pasar inmersa en sus pensamientos... la mirada perdida y abriendose paso entre la gente.
Llevaba un bolso, evidencia de las compras que había hecho en el día, vestía unos jean desgastados, blusita de colores celeste y gris. Su pelo corto y opaco, sin maquillaje.
Me acerqué dudando, pues había pasado mucho tiempo antes de este encuentro, y no estaba seguro de si me reconocería.

- Hola.. ¿Gisela?.- pregunté dudando por un instante de aquella seguridad que segundos antes, hizo que tomara coraje para acercarme entre la multitud.
- Hola .- Me miró sorprendida, pude adivinar en su mirada, que ademàs de sorpresa, estaba hurgando en su mente mi imagen, luego de un segundo, abrió los ojos y se puso a saltar de alegría. Me costó mucho sacarme la cara de sorprendido, pues esperaba un tímido saludo, nada màs.

Ella había cambiado un poco, tenía una estatura de aproximadamente un metro sesenta y tres, y al verla saltar hacia mi con los brazos abiertos, recordé por un instante las tardes en que solíamos jugar a las escondidas cerca del arroyito, cuando en aquel pueblito del interior en donde crecimos, la mayor exitación y curiosidad que despertaba en nosotros era tan solo el paso de los grandes barcos en el canal del rio paraguay.

Me contó su historia y el porqué estaba en la ciudad.
- Vine a buscarte y al final, fuiste vos quien me encontraste.- Me dijo.
- De haber sabido que venías a la capital, yo mismo hubiera ido a la terminal a esperarte. ¿Que te trae por aqui?

Dudó un instante y al final dijo:

- Vine a verte.

Casi caigo de espaldas. Los años, me enseñaron a dudar de las palabras dulces que las mujeres a veces dicen, pero con Gisela, era diferente. La conocía desde muy pequeño y secretamente era actriz principal de mis fantasías de joven y hoy en día un dulce recuerdo que atesoro con esmero.
Por lo que solo atiné a decir:
- Pe.. pero ¿como?.
Ella soltó una pequeña carcajada, risa que me llevó a recordar sus travesuras de niña.
- No podía irme sin antes verte y decirte lo mucho que siempre te amé.

Monté en cólera repentinamente y le espeté.
- No podés aparecer, luego de 10 años y pretender que te crea que solo viniste a verme para decirme eso!.- Rebatí, usando la lógica que me servía de mucho para mis analisis, pero para nada en mis relaciones personales.

- Lamento oir eso.- Dijo y se preparó para irse de mi lado.
En ese instante, comprendí que no podía dejarla ir asi nomàs.
La tomé del brazo, la sentí fría y ella se asustó.

Corrió entre la gente y al final se perdió de mi vista.
La busqué durante un tiempo, al final me dije que de nada serviría y me volqué a mi trabajo.

De regreso a la oficina, me propuse llamar a mis padres y comentarles el suceso, pero pasó el tiempo y lo olvidé.
Hoy, sentado en el sillón, bajo el mango acompañado de un suculento tereré que nos ayuda a mitigar el calor sofocante, recuerdo el episodio y de repente pregunto hablando conmigo mismo y a la vez en voz alta.

- Nde.. ¿que pio saben de Gisela?

Todos me miran con susto, pena y preocupación al final mi abuela me dijo:
- Estuvo en coma durante casi 6 meses y al final, hace dos.. murió