miércoles, 2 de enero de 2008

Es fácil buscar a Dios cuando lo necesitamos...

Y qué difícil es estar a su lado cuando nos llena de bendiciones, pues tendemos a olvidarlo!

Recuerdo cuando era un patito muy chico que me quedé dormido una tarde de abril en la casa de abuela pata... De repente me despierto y caigo en la cuenta que ERA BIZCO!

Oh si!.. al parecer me había quedado dormido con un ojo abierto y resultado de eso veía doble... Corriendo fuí al baño, me lavé la cara, me miré al espejo y no había caso.. seguía bizco.

Inmediatamente me asaltaron las dudas de mi tierna edad de patito.. ¿Quedaría así por siempre?. ¿Tendría esto solución?... no sabía las respuestas y una tristeza enorme invadió mi cuerpo.

Corriendo junto a mi abuela, le explico mi problema, ella tiernamente me dice la receta:
- Vé junto a la cama, arrodíllate y reza a Dios para que él te cure.

No recuerdo (en mi vida) haber rezado tan fervientemente como en aquella oportunidad. Lo hice entregándome en cuerpo y alma en cada inocente palabra que brotaba de mi corazón.

Acto seguido me dijo que volviera a dormir y que Él se encargaría.

Y efectivamente, así lo hizo.
Luego de unas horas, desperté completamente curado y no veía doble.

Hoy... lamento no poner tanto fervor en mis oraciones pues estoy lleno de bendiciones.
- Algo debo cambiar.