lunes, 22 de octubre de 2007

viaje en colectivo

Hace mucho tiempo que no me traslado de un lugar a otro, usando el transporte público.

Y no puedo dejar pasar la oportunidad de hablar de esto, que para mí es una experiencia pasional.

Al principio dudé mucho, pues normalmente no salgo de mi lagunita y en las veces que voy a cualquier lado, opto por ir manejando o con alguien más.

Por las circunstancias ajenas a mi control, de repente, me siento en la necesidad de ir junto a un grupo de amigos, quienes me estaban esperando con todo lo que cualquier pato desearía (cerveza, juegos, charla y compañia).

Y bueh.
Me subo en una línea 20 luque, le paso 2500 gs y el chofer me devuelve la moneda (cobran 2.000), caramba!.. - gracias.

Como estaba vacío, elijo un asiento a 3 filas de distancia del chofer del lado izquierdo mirando al fondo. Me siento, la ventana abierta y palpo mi chequera que trasladé minutos antes al bolsillo de adelante. (sigue ahí, fiuu).

Vá subiendo gente.
Frente a mí, se sienta un tipo.. tendrá unos 29 años me supongo, viste camisa amarilla, barba raída de 2 días sin afeitar, cabello corto y con un tic nervioso.

El tipo escupe por la ventana.

Al principio no le presté demasiada atención, pero al cabo de unos minutos, veo que constantemente gira la cabeza a la derecha y le baja un "sput!" en dirección a la calle.

Dudo en decirle algo al respecto. Noto que carga consigo un telefono celular con el cual hace gestos de buscar algo. Sube más gente al ómnibus. Me disperso en mis pensamientos, procurando inventar historias en base a los gestos o actitudes de las personas desconocidas.

En ese tren de cosas, invento que la señora de calza amarilla y remera azul, en verdad es una bailarina de ballet, frustrada y se pasea por las líneas en la ciudad, mostrando un atuendo que no pudo estrenar en escenario alguno, acaso por el sobrepeso y tal vez por su incapacidad de mantener equilibrio con los vaivenes intermitentes de frenadas y aceleraciones.

El tipo vuelve a escupir.

Puaj!. Junto fuerzas y esta vez me decido a espetarle un "nde chera'a que pio te pasa?". Me detiene un súbito temor a que se dé vuelta y comienze a escupirme mientras habla.
Si.. ya sé.. es un temor infundado, pero válido.

Se sienta una señora a mi lado, ella (otra anónima) no tiene reparos ni tapujos en restregar su cuarto junto al mío, lucho conmigo mismo para no alejar y me maldigo por ser miserable a tal punto de haber optado por tomar un omnibus.

Vuelve a escupir.

Esto ya no puede seguir así!
Me comienzo a preguntar, si luego de sus sesiones en los colectivos, se baja en alguna esquina y compra "fluido de saliva apto para escupitajos", debe gastar una fortuna en eso, pienso. Y al mismo tiempo me doy cuenta que eso tampoco existe en el mercado.

Creo que podría patentar ese invento y acaso lo venderé a precios exhorbitantes a alguna multinacional dedicada a desarrollar productos de belleza para gente mediocre.