lunes, 12 de julio de 2004

..:: Las tortillas y sus vueltas ::..

- Traéme los huevos!
- Tamizáme la harina!
- Cuidá que no se recaliente el aceite!
- Cuidado que no se queden pedacitos muy pequeños los de la cebollita de hojas!

Son algunas de las palabras que recuerdo que formaban parte del ritual de fin de semana en las veces que una tía (medio loca ella) cocinaba para todos nosotros, ése tropel de primos que rondábamos edades de entre 9 y 14 años.

Eran años mozos y felices.
Un día, nos animamos a cruzar el río en bote. Como éramos un grupo de pequeños hombrecillos, no me anima a admitir que no sabía nadar, ni ellos que tampoco sabían remar. Ya en el momento del abordaje veríamos que hacíamos.

La suerte estaba de nuestro lado y el hijo del dueño de la canoa, al vernos que todos éramos de su misma edad, se anima a ir con nosotros, tomando él cuenta de los remos y enfilando para el otro lado de la costa. Los minutos pasaban y ya cerca de la mitad de la travesía, nos dice "Estoy muy cansado, quien se anima a seguir?".

Le tocó el turno a Carlos, que era el más grande del grupo y sentóse él, inseguro al principio y haciendo un par de movimientos dejó en claro que le salía perfecto el "trompo" en el medio del río. La verdad era que no sabía remar y trató de salvar las apariencias con esa vieja frase "Que bien me sale el trompo.. ayea?". La risita forzada del hijo del vaqueano, sumado al hecho de que en realidad no nos estabamos moviendo un carajito y seguíamos en medio del río, hizo que su hermano Daniel ocupara su lugar en los remos e intentara salvar la pequeña distancia de tal vez 60 metros mas o menos.

La costa estaba cerca y lejos a la vez. Recordé que solía nadar estilo "perrito", pero me cansaba rápido y debía sí o sí tocar fondo, tragar aire y continuar en el estilo mencionado.
Un rápido calculo mental me hizo ver que podría nadar por lo menos unos diez metros antes de cansarme y necesitar la seguridad de hacer pie, motivo por el cual mis dos manitos se crisparon aún más sosteniendo con fuerza la mojada madera de la canoa culo-espejo.
La gran p...! Donde me he metido!
Era mi 3er primo quien estaba intentando llevarnos a la costa y con el mismo éxito de sus antecesores(ninguno), tambien ensayó un par de trompos y al final desistió. Era mi turno, si bien ya había remado en alguna oportunidad nunca lo había hecho con tante gente dentro, tanto peso encima y con tantos ojos dispuestos a observar el menor error para cargarme por el resto del día.

La canoa se balancea peligrosamente y parado en el medio doy algunos pasos en dirección al tablón central que hacía de banco y asiendo con fuerza el remo derecho, me ocupo de colocar en posición el izquierdo cuyo cuero que vá por el hierro salió de la guía y necesitaba ubicarlo, antes de continuar.

En ese trabajo, me sorprendo con un repentino y brusco balanceo, era Carlos que cansado ya de esperar, se arroja por la borda y comienza a nadar rumbo a la costa. Le siguen Daniel y Sebastian, quedandonos solamente el hijo del vaqueano el loco Javier, Juan y yo.

Aprovechando el poco peso, me pongo las pilas para acercar más aún a la costa poniendo mucho empeño en el esfuerzo de mantener un rumbo no tan errático y una velocidad regular. En eso el vaqueanillo me dice en un dulce guaraní "Ehejante cheve ta gueraha"

Me paro una vez más y en eso Juan, se lanza y pierdo pie
Toma unos segundos acostumbrarme a la idea de que ya no estaba en la seguridad de la canoa, recuerdo que el tiempo en que estaba cayendo aproveché y llené mis pulmones en la previsión de que no daría oportunidad de ir a dar con mis huesos en los estomagos de las pirañas.

En medio del agua marrón, se me ocurre una excelente idea: Puedo nadar hasta el fondo, hacer pie e impulsarme en dirección a la playa. Olvidé el pequeño detalle de que no tenía noción de hacia donde quedaba la playa, pero una idea es una idea carajo!

Nadando rumbo al fondo al cabo de un par de segundos me doy cuenta que .. el fondo está muy hondo y que de seguir nadando en esa dirección acabaría explotando mis pulmones de la presión. -Cambio de planes-. Debía llegar a la superficie, tomar aire y pedir auxilio.

En ese tren de acción, aparezco de repente en la superficie y busco el bote. Estaba a 3 metros que bien podrían ser 3 kilometros, la realidad era que estaba bastante lejos.

Doy vuelta la cabeza y busco la playa, más lejos aún y tomo la desición de mi vida.
Nadando estilo "perrito" en dirección a la canoa alcanzo a oir a mi primo que gritaba algo. En la seguridad de que estaba nervioso por mi caída le digo: "aca estoy"

El boludo estaba gritando "El remo!, el remo"

El remo, se había caído al agua al igual que yo y nadie del resto de la tripulación estaba dispuesto a tirarse al agua.
Confieso hoy que me dolió un poco que se hayan preocupado más de un pedazo de madera antes de que mi inminente desaparición de la faz de la tierra, pero en ese instante no estaba para analizar ni tener esos pensamientos. Mis brazos comenzaban a flaquear y mi estilo de nado no era el mejor ni el más rapido para alcanzar un bote arrastrado por la correntada.

La providencia quiso que el hijo del vaqueano tuviese el tino de intentar detener el movimiento con el remo que le quedaba y así pude alcanzar el borde, del cual quedé pegado, con las uñas clavadas y para nada tranquilo.

El loco javier, viendo que no me iba a soltar ni por nada del mundo de la popa, se decide y vá en busca del maldito remo, al volver.. reanudamos la marcha en dirección a la costa y tuve que aguantarme los restantes 15 minutos prendido a ese pedazo de madera, imposibilitado de subir de nuevo.

A metros de la playa, me animo a ensayar una vez más mi estilo "perrito" y me lanzo en dirección a la misma. Resultó bien, pues en realidad antes de hacerlo, verifiqué si ya podía hacer pie y efectivamente, si hundía la cabeza ya tocaba fondo. No necesité nada más.

Al llegar a la costa, no comenté a nadie que no sabía flotar, sino sólo nadar. Pero que ese día le perdí por completo miedo a las aguas profundas.

Aprendí que no siempre puedo contar con la seguridad de tener un punto de apoyo, pero lo más importante es no perder la tranquilidad...