lunes, 7 de abril de 2003

Se busca gente...

Un aviso en el periódico, llama mi atención, a decir verdad creo que una mezcla de falta de interés y un exceso de tiempo hace que me ponga a mirar la seccion clasificados, paginas amarillas, éste en particular, era bastante escueto y rezaba:
Se busca gente con capacidad de amar, interesados llamar al 021.45x.xxx para concretar entrevista.

¿Capacidad de amar?
En realidad sonaba intrigante, pues de un flash los recuerdos e imagenes llegan a la mente, evocando el amor en varias formas y expresiones. Imaginé (pensando mal, como siempre) que sería uno de esos avisos de las comerciantes del sexo, buscando vender aquel viejo producto de besos y gemidos de mentiras, un triste adiós y a otra cosa.

Aún así, cedí ante la curiosidad de tan escueto mensaje, e imaginé que habrían pocas personas interesadas en ingresar al mundo del amor, en la expresión sublime o la vil... Entonces, me encontré discando y esto sucedió:

- Secretaría..- me responde una voz lacónica. - Hola, si... llamo por el aviso en el periódico. - Si señor, le explico, fué una equivocación, una especie de broma de uno de los pacientes que tenemos aquí.- me dice la dulce voz, que adivino es de una señora ya entrada en años.
- ¿Me podría decir a donde acabo de llamar?.- pregunto cada vez mas intrigado.
- Ah.. cierto, disculpe, este es el Hospital del Quemado.- responde no sin cierta congoja que se traduce en el timbre de la voz.
- Entiendo,.. sería tan amable de contarme la historia?.- ahora sí ya me atrapó la curiosidad.
- Sabe.. no sé como decirlo, me encantaría, pero estoy trabajando ahora mismo, pero le paso mi nombre y si quiere pregunta por mí y le cuento luego.

Con los datos garrapateados en un papel, me dirijo al Hospital y me atiende la misma que horas antes respondía amablemente en el telefono.
Me presento con nombre y apellido, gracias a la buena predisposición de la señora, que se llama Andrea, minutos más, café de por medio en la pequeña salita que hace de cantina y comedor para pocos visitantes que se lleguan hasta el nosocomio me cuenta la historia de Anibal, la cual paso a trancribir sin cambios.

Anibal era un chico de 10 años, hijo de padres separados, madre soltera en realidad, con 7 hermanos algunos de más edad otros menores. Trabajaba en la calle, vendiendo caramelos, la vida nunca fué fácil para él pues se había salvado por un pelo de ser mutilado cuando entonces era chico y andaba en brazos de una "tía", era alquilado bah, para pedir limosnas en las calles.

La mujer tuvo la brillante idea de intentar mutilarlo, pues había oído que de esa manera, podría causar mayor impacto en su producto que no era otra cosa que la venta de expiación de culpas a choferes por medio de monedas suplicadas con cara de impotencia y congoja.

Llamar suerte a eso es una forma de decirlo, pues intento hubo, sólo que en aquel entonces la madre en un arranque de cordura o tal vez remordimiento, optó por dejarlo a su suerte al cuidado de la abuela allá en el interior, mientas que ella se ocupaba de repartir a sus otros hermanitos, pues tenía pensado viajar a Bs.As. a emplearse de mucama o simplemente vendiendose en las calles.

Pasaron los años.. Anibal creció en medio de la intolerancia y el desamparo, se acostumbró rápidamente al ritmo de la calle, pues era su morada, escuela y refugio. Encontró a varios otros que corrian igual o peor suerte y de a poco fué aprendiendo de la manera mas dura, que la piedad, es algo que se vé solo en el cine y que la caridad no es algo que se dá, sino que se exige.

Uno de estas almas gemelas, que se hacían llamar sus amigos, le propuso una vez ir juntos a robar en un super nuevo que se había atrevido a abrir las puertas sin contar aún con guardias avispados.
Conoció así la adrenalida, el sentir en la frente el tamborillear de la sangre corriendo a alta velocidad y el sudor, más aquella sensación imposible de traducir en palabras, pero sencillamente extasiante.
Acostumbróse a robar y con el dinero que se hacía procuraba trabajar vendiendo sus caramelos, en espera de los despistados que nunca faltan, haciendo las veces de descuidista, otras de campana y las más de simple ratero.

Sucedió que en una de esas incursiones, entraron en la parte trasera de un conocido restorán en las cercanías del mercado 4, y fueron sorprendidos por el ayudante del cocinero, quién cansado de este tipo de situaciones, optó por derramarles el agua hirviendo destinada a la mandioca.

El más afectado fué Anibal, un poco porque jamás en el poco tiempo que llevaba como delincuente (él en realidad, no se consideraba tal), jamás vió ni sintió una reacción desmedida, salvo un par de tirones de orejas o dos o tres teyuruguái que la abuela le daba para que se porte bien.

Terminó en la sección de quemado, con parte de su tierna carita hecha jirones, la espalda, brazos y manos en un calamitoso estado, tuvo quemaduras de 3er grado y hubieron que aplicarle sedantes para que deje de gritar en el poco tiempo que estaba despierto.
Las enfermeras le tomaron cariño, un poco por compasión, otro tanto pues nadie se dignaba a visitarlo, ni aquellas almas gemelas con quienes tantas cosas y aventuras habías pasado en el pasado...

Tal vez el destino quiso que Andrea nunca tuviera hijo para que ella lo tomara cariño, ahí estaba desvalido cuando llegó y fué ella quien le consiguió una ropa de recambio y miles de cosas que solo aquel que vivió o tuvo un pariente en el hospital puede recordar que siempre faltan...

Aprendió que el cariño, no se exige, sino que se gana con humildad, procuró olvidar ese trágico episodio del bar/restorán y se dedicó a tratar de curarse, se convenció de que estaba pagando caro su pecado de haber nacido pobre y no saber leer.

Entonces, se le ocurrió poner un aviso, buscando lo que nunca tuvo, llamó al periodico y dictó la unica frase que resumía su necesidad.

Se busca gente con capacidad de amar..