martes, 22 de abril de 2003

De Fantasmas y otras yerbas

Muchas veces, imagino que al igual que muchas personas, me ví involucrado en situaciones en las que la limitada educación que poseía y poseo, no pudo o tal vez, no quiso explicar con razonamientos lógicos o hipótesis sensatas algunos hechos que, estudiosos del tema, llamarían como mínimo paranormales.
Un ejemplo de esto y haciendo memoria me remonta a la época de estudiante de 5to curso.
Estába con un grupo de amigos luego de las clases, tomando tereré en una ronda y a medida que iba pasando el tiempo, la charla giraba entre temas candentes de la época (como por ej. la chica que fué a clases sin portasenos) a otros más variados y estúpidos hasta si se quiere, como serían las clases que la férrea educacion stronista dictaba, dentro y fuera de las aulas.

En este orden de cosas, nuestras frágiles mentes discurrían entre los (para nosotros) nuevos silogismos, teorías y axiomas. Cuando de repente a uno de nosotros se las dá por contar un historia de terror.
Al principio, claro. Al ser un grupo de jóvenes, la tarde muriendo lentamente y dando paso a la noche, nadie de los presentes hizo gesto alguno de retirarse por miedo acaso, de al día siguiente quedar sujero al escarnio del resto, tildado como "miedoso" "bolí kuña" o peor aún! : "maricón".

Las anécdotas se sucedían unas a otras, algunas que otras mas imaginarias que reales, pero todas ellas cargadas de un tinte especial y hasta si se quiere morboso, que daban las experiencias cercanas al terror.
Así, de la historia de Luisón (infaltable por aquella épóca), pasamos a kurupi la 12 y el pombero.

Ya entrada la noche y todos nosotros con uniforme aún excepto por supuesto el dueño de casa, nos dirigimos cada uno a nuestras casas.
Un compañero vivía donde termina la calle pirizal y por aquel entonces para llegar había que atravezar dos zanjones de arroyos que circulaban por aquel entonces.

Sutilmente me pidió que le acompañara, con la excusa de que su mamá no le iba a creer que habíamos estado en una simple ronda de tereré.

Si bien, mi casa distaba mucho de la suya, bien podría desviar un poco y hacer mi buen acción.
Al pasar el 1er zanjón, oímos las aguas (servidas) correr y el silencio y la oscuridad era tal que apenas a 50 metros se divisaba una tenue luz y yo podía oír la respiración entrecortada de mi amigo.

Éste, visiblemente alterado, imagino que fruto de la sugestión a la que fué sometido horas antes. En uno de esos arranques de solidaridad, se toma de repente de mi brazo al tiempo que se detiene en seco, señalando hacia un lugar que no distinguía.
Lo miro y puedo adivinar por su cara blanca que algo le sucedía, sus labios trataban de articular algo, pero apenas un gemido salía y seguía señalando hacia el mismo lugar.

Al mismo tiempo, también me detuve y forcé la mirada hacia ahí y pude distinguir un par de ojos ojos que fijamente nos observaba desde las sombras.
La sensación de piel de gallina que tenía al oír algunas historias de perros sin cabeza y fantasmas, no era nada comparada a la que en ese instante sentía en el cuerpo.
Era como si una corriente eléctrica recorriese mi cuerpo, dejando a todos y cada uno de mis extremidades capilares en punta.

Habrán pasado unos dos minutos, pero a nosotros que habíamos perdido la noción del tiempo, se nos hizo años. Hasta que ese par de ojos, se encaminó hacia donde estabamos con un gruñido, el cual se me antojó salido de las profundidades del infierno.

Estábamos ahí, parados y mirando en la oscuridad, las pocas estrellas, no iluminaban un carajo y la luna llena tardaría días en aparecer. Puteando por lo bajo, por no tener ni un cascote a mano por lo menos, nos disponemos a correr (confieso que no estoy seguro de que mi amigo me seguiría, pero yo SI estaba presto para echar los pies en polvorosa), cuando la criatura se acerca más y más... y más...

Hasta que oímos un nítido

GUAU GUAU GUAU..!!!

Era el puto perro de Ña Crecencia, que tenía tanto o más miedo de nosotros y como aún no habíamos entrado en su territorio, se limitó a mirarnos fijamente, hasta que decidió ladrar y ver que pasaba.
El miedo dió paso a la rabia, pues hacía segundos que estaba seguro de que ese par de ojos, eran de hortelano o algún otro perro mbore de esos a los que los egipcios les servía de inspiración para sus cuentos, que no atiné a reaccionar ni decir nada hasta que se acercara un poco más.

En eso le miro a mi amigo que seguía con su mano derecha sosteniendo mi brazo izquierdo, con el puño crispado y sin moverse aún.

Me sorprendo escuchándolo con una voz que era mezcla de llanto y rabia diciendole a "Negro" (tal era el nombre del can):

- Buh.. ju... FUERA DE ACA!!!.. FUERA!...

El detalle que estabamos en medio de lo que en aquel entonces se llamaba calle, o sea.. afuera. poco o nada pareció importarle a mi amigo.


Bueh.. ya es tarde.. ´
hasta mañana!.. o la próxima!...